Page 46 - 01. Saga Las Cronicas De Narnia
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—¿Qué tenemos aquí? ¡Alto! Y se
detuvieron.
Edmundo esperaba con ansias que ella dijera algo sobre la necesidad de desayunar. Pero eran muy diferentes las razones que
lahabíanhechodetenerse.Unpocomásallá,alospiesdeunárbol, sedesarrollabaunaalegrefiesta.Unaparejadeardillascon susniños,dossátiros,
un enano y un viejo zorro estaban sentados en sus pisos alrededor de una mesa. Edmundo no alcanzaba a ver lo que
comían, pero el aroma era muy tentador. Le parecía divisar algo como un plum pudding y también decoraciones de acebo.
Cuando el trineo se detuvo, el Zorro, que era evidentemente el más anciano, se estaba levantando con un vaso en la mano como si fuera
a pronunciar unas palabras. Pero cuando todos los que se encontraban en la fiesta vieron el trineo y a la persona que viajaba en
él, la alegría desapareció de sus rostros. El papá ardilla se quedó con el tenedor en el aire y los pequeños dieron alaridos de terror.
—¿Qué significa todo esto? —preguntó la Reina. Nadie
contestó.
—¡Hablen, bichos asquerosos! ¿O desean que mi enano les busque la lengua con su látigo? ¿Qué significa toda esta
glotonería, este despilfarro, este desenfreno? ¿De dónde sacaron todo esto?
—Por favor, su Majestad —dijo el Zorro—, nos lo dieron. Y si yo me atreviera a ser tan audazcomoparabeberalasaluddesu
Majestad...
—¿Quiénlesdiotodoesto?—interrumpiólaBruja.—S-S-Santa Claus
—tartamudeó el Zorro.
—¿Qué? —gruñó la Bruja. Saltó del trineo y dio grandes trancos hacia los aterrados animales—. ¡Él no ha estado aquí!
¡No puede haber estado aquí! ¡Cómo se atreven...! ¡Digan que han mentido y los perdonaré ahora mismo!
En ese momento, uno de los pequeños hijos de la pareja de ardillas perdió la cabeza por completo.
—¡Ha venido! ¡Ha venido! —gritaba golpeando su cucharita contra la mesa.
Edmundo vio que la Bruja se mordía el labio hasta que una gota de sangre apareció en su blanco rostro. Entonces
levantó su vara.
—¡Oh! ¡No lo haga! ¡Por favor, no lo haga! —gritó Edmundo; pero mientras suplicaba, ella agitó su vara y, en un
instante, en el lugar donde se desarrollaba la alegre fiesta había sólo estatuas de criaturas (una con el tenedor a medio
camino hacia su boca de piedra) sentadas alrededordeunamesadepiedra,conplatosdepiedrayunplum pudding de piedra.
—Encuantoati—dijolaBrujaaEdmundo,dándoleunbrutalgolpeenlacaracuandovolvióa subir al trineo—, ¡que esto te enseñe a no
interceder en favor de espías y traidores! ¡Continuemos!
Edmundo, por primera vez en el transcurso de esta historia, tuvo piedad por alguien que no era él. Era tan lamentable pensar en esas
pequeñas figuras de piedra, sentadas allí durante días silenciosos y oscuras noches, año tras año, hasta que se
desmoronaran o sus rostros se borraran.

