Page 14 - 07. Saga Las Cronicas De Narnia
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troncos. Lo primero que impactó al Rey y al Unicornio fue el hecho de que casi la mitad de
la gente en esa muchedumbre no eran Bestias que Hablan, sino hombres. Lo siguiente fue
que esos hombres no eran los hombres de pelo claro de Narnia: eran los hombres morenos
y barbudos de Calormen, ese poderoso y cruel país situado más allá de Archenland,
cruzando el desierto hacia el sur. No había motivo, por supuesto, para que uno no
tropezara con un par de calormenes en Narnia, un mercader o un embajador, pues Narnia y
Calormen estaban en paz en aquellos tiempos. Pero Tirian no podía entender por qué había
tantos de ellos; ni menos por qué estaban talando un bosque narniano. Apretó fuerte su
espada y enrolló su capa envolviendo su brazo izquierdo. Bajaron presurosos hasta donde
estaban los hombres.
Dos calormenes conducían un caballo que había sido enganchado a un tronco. Justo
cuando el Rey los alcanzaba, el caballo se quedó atascado en un sitio sumamente fangoso.
—¡Arriba, grandísimo flojo! ¡Tira, cerdo perezoso! —gritaron los calormenes,
chasqueando sus látigos. El caballo hacía su máximo esfuerzo; tenía los ojos rojos y estaba
cubierto de espuma.
—Trabaja, bestia holgazana —gritó uno de los calormenes, y al decir esto golpeó
salvajemente al caballo con su látigo. Fue entonces cuando sucedió lo realmente
espantoso.
Hasta ese momento Tirian había dado por sentado que los caballos que guiaban los
calormenes eran los suyos propios; animales mudos y sin inteligencia, iguales a los de
nuestro mundo. Y aunque detestaba ver que se hiciera trabajar en exceso aun a un caballo
mudo, tenía, indiscutiblemente, su pensamiento puesto en la matanza de los árboles. Jamás

