Page 12 - 03. Saga Las Cronicas De Narnia
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una dama como dicen los marineros; sus líneas eran perfectas y sus colores puros, y cada
palo, cada cabo y cada remache habían sido hechos con amor.
Por supuesto que a Eustaquio no le gustaba para nada y siguió jactándose de los
transatlánticos, lanchas a motor, aviones y submarinos. (“Como si supiera algo de ellos”,
murmuraba Edmundo). Pero los otros dos estaban fascinados con el Explorador del
Amanecer. Cuando volvieron al camarote de popa para comer y vieron todo el cielo del
oeste iluminado por una inmensa y roja puesta de sol, y sintieron el estremecimiento del
barco y el sabor de la sal en sus labios, pensaron en esas tierras desconocidas al confín
oriental del mundo... Lucía se sentía demasiado feliz para hablar.
Respecto de Eustaquio, es mejor que sepan lo que pensaba a través de sus propias
palabras, ya que a la mañana siguiente, apenas les fue devuelta su ropa seca, él sacó una
pequeña libreta negra y un lápiz y comenzó a escribir un diario. Siempre llevaba esta
libreta consigo y en ella mantenía un registro de sus notas, pues aunque ninguna materia de
estudio le importaba mucho para su propio provecho, sí le importaban muchísimo las
notas, e incluso iba donde sus compañeros a decirles:
—Yo me saqué tal nota. ¿Qué nota te sacaste tú?
Pero como, al parecer, no se sacaría nota alguna a bordo del Explorador del
Amanecer, decidió comenzar un diario. La primera anotación fue la siguiente:
“7 de agosto
“Hace ya veinticuatro horas que estamos a bordo de este espantoso barco, si es que
esto no es un sueño. Una tormenta terrible ha estado rugiendo sin cesar (es una g ran cosa
que no esté mareado). Inmensas olas golpean el barco por el frente, y yo diría que casi se
ha hundido varias veces. Nadie parece darse cuenta de esto, ya sea por fanfarronear o
porque, como dice Haroldo, uno de los actos de mayor cobardía de la gente mediocre es
cerrar los ojos ante los hechos. Es una locura hacerse a la mar en una porquería como ésta.
No es mucho más grande que un bote salvavidas. Y, por supuesto, su interior es
absolutamente primitivo. No hay un salón apropiado, ni radio, ni baños, ni siquiera sillas
de playa. Ayer en la tarde me arrastraron por todos lados para conocerlo y fue enfermante
oír a Caspian haciendo alarde de su barquito de juguete, como si fuera el Q u e e n Ma ry . Yo
traté de explicarle lo que era un verdadero barco, pero es demasiado torpe. Por supuesto,
E. y L. no me apoyaron en lo más mínimo. Supongo que una niña como L. no se da
cuenta del peligro, y E. trata de halagar a C. al igual que todos los demás. Lo llaman rey.
Yo dije que era republicano, y él me preguntó qué quería decir... Realmente parece no
saber nada de nada. No hay ni qué decir que me dieron el peor camarote del barco, un
perfecto calabozo. En cambio a Lucía le dieron una pieza para e lla sola en cubierta; casi
una pieza agradable, comparada con el resto del lugar. Según C. esto se debe a que e lla
es mujer. Yo traté de explicarle que Alberta dice que lo único que se logra con este tipo
de cosas es rebajar a las niñas, pero él es demasiado torpe. Aun así debería entender que
si me dejan en un hoyo como éste, yo me voy a enfermar. Según E., no de bemos
quejarnos, ya que C. compartirá este cuarto con nosotros, para poder ceder su camarote a
L. Como si esto no nos tuviera más apretados e hiciera las cosas mucho peor. Se me
olvidaba decir que hay también una especie de ratón que los trata a todos con la
desfachatez más espantosa. Los demás pueden aguantarlo si quieren; lo que es yo, le voy a
retorcer la cola si trata de hacerme algo. La comida también es horrible”.
El problema entre Eustaquio y Rípichip se presentó incluso antes de lo que era de
esperar. Al día siguiente, cuando todos estaban sentados alrededor de la mesa esperando la
comida (el estar en el mar da un hambre tremenda), Eustaquio entró corriendo,

