Page 38 - 03. Saga Las Cronicas De Narnia
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— ¿Puedes hablar? Sacudió la cabeza.
—Entonces —dijo Rípichip—, sería inútil preguntarte qué te pasa. Pero si estás
dispuesto a jurarnos tu amistad, levanta tu pata delantera izquierda sobre tu cabeza.
Así lo hizo el dragón, pero en forma torpe, porque esa era la pata adolorida e
hinchada por la pulsera de oro.
— ¡Oh, miren! —exclamó Lucía—. Algo le pasa en esa pata. Pobre animal, a lo
mejor por eso lloraba. Quizás vino a nosotros para que lo curásemos, como en Androcles
y el León.
— Ten cuidado, Lucía —dijo Caspian—. Es un dragón muy inteligente, pero puede
que sea un mentiroso.
Pero ya Lucía iba corriendo hacia adelante, seguida por Rípichip, que corría tan
rápido como se lo permitían sus cortas patas, y detrás, por supuesto, fueron los niños y
Drinian.
—Muéstrame tu pobre pata —dijo Lucía—. Tal vez yo pueda curarla.
El dragón que-había-sido-Eustaquio le tendió muy contento su pata adolorida,
recordando que el cordial de Lucía lo había sanado del mareo antes de que se convirtiera
en un dragón. Pero tuvo una desilusión. El líquido mágico redujo la hinchazón y calmó
un poco el dolor, pero no pudo disolver el oro.
Estaban todos apiñados a su alrededor para observar la operación. De pronto,
Ca sp i an exclamó:
—¡Miren!
Tenía los ojos clavados en la pulsera.

